Resistencia a la Innovación: El arte de poner pegas a las ideas

 

 

Durante siglos, los hombres, los ejércitos, se enfrentaron y lucharon usando hachas. Luego con espadas, una especie de hacha estilizada que se empuñaba de otra forma. Luego con lanzas, una punta de espada con el mango alargado de un hacha. Tras miles y miles de batallas, alguien concibió un nuevo arma: estaba hueca, se le ponía una bola de plomo dentro y, haciendo explotar una carga de pólvora, salía disparada hacia el enemigo. Podemos imaginar lo que todo el mundo dijo entonces de semejante planteamiento. Y, podemos imaginar lo que le sucedería a un ejército que se enfrentara con lanzas y espadas a otro con fusiles?

 

Respecto a lo último, el desastre y la matanza resultan sencillos de concebir. Respecto a lo primero, hagamos un esfuerzo. Supongamos un general, experto en armamento, que recibe a un innovador que le propone la nueva arma. La situación podría haber obedecido perfectamente al siguiente diálogo:

 

General: A ver, qué nueva arma dice Vd que quiere proponerme.

 

Innovador: Esta es, mi general (le muestra un artefacto estilizado, con una parte de madera y

otra cilíndrica de metal, sin filo, y hueca.

 

General: Y esto, por donde corta? O es una especie de porra?

 

Innovador: No, mi general. Se mete esta bola por aquí (le muestra el hueco en el cañón) y un

poco de tela para que no se salga, empujando con este palo. Se cuela un poco de

pólvora por este otro agujero (se lo enseña también, aunque el general ya estaba

prestando poca atención. No era lo que esperaba) y a continuación se enciende

esta mecha, y cuando la mecha enciende la pólvora de dentro, la bala sale

expulsada por delante a gran velocidad! Es increíble verlo! (el muchacho estaba

realmente ilusionado con el fruto de su ingenio)

 

De forma extraordinaria -el general no quería desanimar al muchacho, pues “venía recomendado”- siguió escuchando, reprimiendo su inmediato deseo de mandarle a hacer puñetas. Al fin y al cabo, él era un general, y ese jovencito un don nadie. ¿Qué podría enseñarle de armas a Él? En cambio, se obligó a sí mismo a intentar razonar con el mozalbete.

 

General: A ver si lo he entendido… cuando el enemigo se viene encima, te pones a hacer

todo eso? Ja, ja. Me temo, muchacho, que antes de que eso explote… o lo que sea

que haga, te habrán ensartado!

 

Innovador: Bueno… verá… hay que tenerlo listo antes de que venga el enemigo. Y, además, la

bola hace mucho daño a más de 50 pasos de distancia.

 

General: Ah.. (se toma su tiempo para buscar otra pega. No tarda ni dos segundos) pero,

cuando lanzas la bola, si fallas o viene otro enemigo, adiós muy buenas!

 

Innovador: Créame general, al salir la bola, el ruido es espantoso! Seguro que el enemigo se

desconcierta! Pero, además, si falla, estará a distancia todavía, y le da tiempo a

esconderse o cargar el arma de nuevo.

 

General: Otra vez? (no había caído en que pudiera repetirse el procedimiento) ya… pero… y

cuando se le acaben las bolitas esas? Eh? Entonces qué pasa?

 

Innovador: Bueno… se pueden llevar muchas, pero…

 

General: Y otra cosa (ya estaba lanzado, seguro de haber encontrado la “pega definitiva”) el

asunto de la pólvora esa… y si llueve o se moja? He visto usarla para otras cosas, y

mojada no sirve de nada. No se enciende, ni explota!

 

Innovador: Claro.. hay que tener cuidado, y protegerla de la lluvia y…

 

General: Mira muchacho. (ahora ya pensaba en haber ganado esa “batalla” con el

mozalbete) Una espada no se “acaba” nunca. Mientras el soldado no la pierda o se

la quiten, siempre tiene con qué combatir. En cambio (mira despectivamente al

artefacto) cuando a este chisme se le acaben las bolitas, o la pólvora! Adiós al

soldado! Ya no sirve para nada! (ya se disponía a levantarse y volver a sus labores)

 

Innovador: Bueno general, siempre puede llevar además una espada.

 

General: Ya… cierto. Pero… (la cabeza buscaba otra pega de repuesto) cuanto pesa ese

trasto, más las bolas que necesita? Porque un soldado tiene que andar ligero! O

estará cansado en el momento de enfrentarse en la batalla. No podrá parar los

golpes y…

 

Innovador: General… si usa esto, no tendrá que parar los golpes. Recuerde… detiene al

enemigo a más de 50 pasos (su tono era bajito, para no contrariar al “experto”)

 

General: Pero, vamos a ver si lo entiendes chico! (como no daba con pegas suficientes,

empezaba a sentirse acorralado) Para una campaña larga, a mil millas de aquí, con

cuantas bolitas y cuanta pólvora iba a tener que cargar para miles de soldados?

Eh? Claro, tú no tienes que pensar en eso! Pero la intendencia también es

importante!

 

Innovador: Bueno… (sabía que tenía que ser conciliador, porque el general se había enfadado

ya con él) tiene razón, claro. (el general ya relajaba el gesto, de modo que se animó

de nuevo) Aunque… un ejército tiene que cargar con comida, con víveres y otras

cosas para una campaña. Esto sería… otra cosa más.

 

General: Ja! Pero si se acaban los víveres, los podemos conseguir en otra parte! La gente

come por ahí. Es cuestión de comprárselo.. o de quitárselo si hace falta! Pero, esas

bolas, si se acaban, de donde las sacaríamos, eh?

 

Innovador: Bueno, eso no me lo había preguntado Vd antes, pero …si quiere se explico cómo

se hacen. Es muy fácil! (el general le miraba entre atónito y cansado) las bolas

lanzadas se pueden volver a fundir calentándolas, y con esta tenacilla…

 

Para cada problema, existe una solución. Con el tiempo, y voluntad, se diseñaron sistemas de carga más avanzados, hasta llegar a la bala estanca actual. Para los “expertos” en poner pegas, en cambio, siempre hay un posible problema, o peligro, del que echar mano para frenar cada idea nueva, cada innovación. Las nuevas ideas llegan despacio. Problemas siempre sobran.

 

Hoy en día, los ejércitos tienen que prever la logística de las municiones. Eso todavía no se ha solucionado. Pero… alguien se imagina hoy en día a un general mandando a sus soldados con hachas y espadas, por miedo a quedarse sin balas?

 

A medida que innovan, nuestros “enemigos” se dotan de nuevo armamento en el mercado. Uno puede buscar nuevas alternativas – innovadoras- o confiar en sus armas actuales, o en su destreza para usarlas. Así se escribe la historia, y así se escribirá la de cada empresa.

 

Federico Moratinos

Dtor Centro de Innovación y Diseño del Campus Rural

y Responsable del proyecto Laboratorio de Innovación Abierta

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