PRACTICA LA CREATIVIDAD, JUGARÁS MEJOR AL GOLF

 

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Entrenar, ensayar, practicar, una y otra vez, la misma técnica, el mismo golpe, el mismo movimiento, consigue que lo hagamos “sin pensar”, si es que tal afirmación puede darse por correcta. El cerebro no hace nada “sin el cerebro”, y el cuerpo, sin el cerebro, tampoco.

 

Se dice que el golf, como el tenis de alto nivel, son juegos que dependen mucho de la “mentalidad” del jugador. Se basan en una ejecución muy precisa de una serie de movimientos que, a la mínima descoordinación o desviación de la exactitud, hacen que la bola se vaya de excursión.

 

Para una correcta ejecución de un golpe, ningún jugador se pone a calcular trayectorias, fuerzas, vectores, flexibilidad de materiales: bola, palo/raqueta, brazo, muñeca, dedos, cartílagos; ni mide con un láser la distancia al objetivo, con un anemómetro la velocidad y dirección del viento, con un higrómetro la humedad, o la presión. Tendría que quedar el día antes para cada golpe!

 

Y, sin embargo, cada golpe ejecutado con precisión y maestría, ha tenido en cuenta muchas cosas, como la propia fuerza y condición física, ha activado los músculos precisos de los brazos, las piernas, el torso y hasta de la espalda, cada uno en su justa medida, en la dirección correcta, en el momento exacto y durante el tiempo justo.

 

Quienes desarrollan y fabrican robots, los programan para que hagan, precisamente, todos y cada uno de esos cálculos. Por eso empezamos ahora a rascar la superficie de la revolución robótica que está arrancando. Sólo ahora disponemos de procesadores y microdispositivos capaces de hacer todo eso lo suficientemente rápido.

 

Y cómo lo hacen los jugadores? Cómo resolvemos esas situaciones las personas? Pues, simplemente, no pensando en ello. Como bien saben los profesores que enseñan golf, “si te pones a pensar el golpe, no te saldrá bien!”.

 

Casi del mismo modo, cuando uno “se pone” a tener ideas creativas y diferentes, de forma metódica y racional.. no salen. Bueno, para ser precisos, salen ideas,pero no nuevas. Nuestro cerebro, que siempre busca una solución, tira de las que tiene a mano. Dicho de otro modo, tira de memoria, y nos pone sobre el “escritorio” ideas ya conocidas. Mejor, si además están contrastadas. Innovadoramente inútiles.

 

Nos esforzamos más, nos concentramos más, intentamos ser más “metódicos”. Lo mismo, o peor, porque además empezamos a frustrarnos de llegar casi siempre a los mismos resultados.

 

Lo que debemos hacer es pensar de manera más “intuitiva”, y menos racional. Vale, y eso, como se hace? Pues, como casi todo, practicando. Y mejor sobre algo de lo que no sepamos casi nada.

 

Si intentamos tener una idea… sobre algo de lo que no tenemos ni idea, no podremos echar mano de la memoria, o tirar de experiencia acumulada. Si, en ese caso, dejamos nuestra mente para que “idee lo que quiera”, o dicho de otro modo, nos permitimos “soltar lo primero que nos venga a la cabeza”, estaremos pensando de forma intuitiva.

 

La intuición no sale de la nada. Nada sale de la nada demonios! Nuestra mente intuitiva, operando de forma libre, busca conexiones directas entre aquellos datos o fragmentos de información que entiende, de forma automática, no dirigida, que están relacionados, y lanza una propuesta, nueva, imprevista, que además se almacena con conexión con los datos de los que partió, lo que nos va generando más datos y conexiones para el futuro.

 

Cuando lo soltamos en voz alta, muchas veces no tiene demasiado sentido para quienes nos escuchan. Ha tenido sentido para nosotros, para nuestra mente. Por eso ha hecho la conexión, y en eso consiste tener sentido. Solo que esa conexión la la hecho nuestra mente operando de forma libre, en función de sus propias e individuales conexiones. No en función del conocimiento aprendido -un curso,un libro, una experiencia- que generará -ese es su propósito- las mismas conexiones en quienes asisten, lo leen o lo experimentan.

 

Por contra, quienes nos escuchan, lo hacen de forma racional, dirigida. En esa situación, son ellos quienes deben de hacer un esfuerzo para entender y buscar conexiones, que nuestro cerebro sí encontró, aunque ni siquiera nosotros mismos podríamos explicar fácilmente.. de forma racional, y que es muy probable que no existan en la mente de quienes nos escuchan. Al menos, de forma automática y directa. Las tienen que buscar!

 

U operamos de una forma -intuitiva- o de otra -racional- y es muy complicado operar de ambas formas en forma colaborativa. Aunque, también, se consigue con la práctica.

 

La intuición es rápida -casi instantánea- eficiente -trabaja casi sin esfuerzo y consumiendo muy poca energía/glucosa- y suele producir resultados, aunque a veces puede no resultarnos de utilidad. En cambio, cuando pensamos de forma racional requerimos de un esfuerzo -que notamos- nuestro cerebro consume mucha energía, nos agotamos tras un tiempo, y sin resultados garantizados.

 

Con práctica y entrenamiento, conseguimos que nuestra intuición “afine” sus resultados, produciéndolos cada vez con una tasa de validez mayor. Vamos ganando en “confianza”, lo cual no deja de ser ridículo si pensamos que en quien confiamos más es… en nosotros!

 

Pero como bien saben los jugadores de golf, cuando golpeas de forma natural y con confianza, si has practicado un poco, la cosa sale bien. Cuando así sucede, el jugador ha conseguido desarrollar el golpe de forma intuitiva y natural. Algunos lo logran a base de repetir y repetir, una y otra vez, hasta “aburrir” a su cerebro racional, que sencillamente deja de prestar atención, se “apaga” y deja operar “al otro cerebro”.

 

Si consigue entrenar a su cerebro para confiar más en sí mismo -en su intuición- logrará los mismos resultados en menos tiempo, con menos esfuerzo, con menos horas de entrenamiento. De hecho, la intuición es estupenda para un montón de cosas, entre ellas, para mejorar la creatividad. Y, siendo creativo, bingo! desarrollamos nuestra intuición.

 

Cuando dejas de “pensar”, los golpes salen mejor. Cuando dejas de “razonar” las ideas fluyen más fácilmente. No intentes decirle a un músculo cómo mover un palo, permítele hacerlo. Tampoco intentes decirle a un cerebro cómo pensar, simplemente deja que lo haga.

 

 

Federico Moratinos

Dtor Centro de Innovación y Diseño del Campus Rural

y Responsable del proyecto Laboratorio de Innovación Abierta

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